Te despiertas. Todo fue un sueño. Soñé con ella, soñé con su amor.
Ahora, debo cumplir mis sueños. Aunque, seguramente, no me atreva.
El temor al rechazo se une con la inseguridad propia de cada persona. Te asusta no saber que decir, no saber donde mirar, no saber que pensará. Te asusta ella.
Su amistad es muy valiosa para ti. Ella es muy valiosa para ti. Y la perderías si no te quisiera. Su negación sería tu muerte, sería tu incapacidad de mirarla, de hablar con ella. La necesitas.
Como cualquier día, la vuelves a ver. Te acercas. Actúas y hablas con normalidad, como su amigo, que después de todo, es lo que eres. Siempre tienes que fingir no quererla. Estás cansado de aparentar. Eres un cobarde. Un cobarde que prefiere dejarlo en un simple sueño. Una feliz ilusión, tan solo una ilusión, en la cual ella y yo estamos juntos, donde puedo decirle lo que siempre sentiré por ella, donde pueda acariciarla y besarla. En fin, quizás algún día... No, tenía razón. Sólo quedará en una ilusión. Una ilusión escondida en el más remoto rincón de tu mente. En ese rincón al que las personas como tú no llegan. Nunca llegarán. Esas personas que no se atreven a luchar por aquella a la que quieren. Esa persona a la que tanto miras. Ella no es consciente de lo mucho que la quieres. De tu amor por ella. Por eso, aunque no se aparte cuando te lanzas, ella nunca te querrá. Por ser un cobarde. Por no luchar por ella en los momentos en los que más te necesita. Quizás por pedir demasiado. A lo mejor incluso porque solo le dices “xao, tk” al despedirte en una conversación de Messenger. Aunque en realidad ahí le has dicho lo mucho que la quieres. Sabes que la vas a volver a ver, aún así no puedes pasar ni un minuto sin saber de ella. Estás completamente desesperado. No se conecta, no sabes qué hacer. Piensas en ella. En esas perlas marrones de brillo inconfundible, que fijan su mirada en ti de vez en cuando. En su piel, suave como la seda, y que produce un resplandor con sabor a miel. También te fijas en su cabello rubio que se mueve como si de olas en el mar se tratase. En su sonrisa que inunda tu cuerpo de felicidad. Simplemente, no se puede explicar con palabras. Dicen que la perfección no existe, pero ella la pone en evidencia.
Mirándolo así, te sientes insignificante. Ni siquiera sabes si ella se ha fijado en ti, o si sólo eres un amigo del montón. Te tumbas en tu cama. Miras a tu almohada. Sólo ella te comprendía. Ahora ya no te dice nada. Sólo es un ridículo saco de plumas. Las lágrimas reposan en tus ojos verdes. Unos ojos verdes llenos de incomprensión, de amor y de tristeza. Llenos también de sueño, ya que las últimas noches no has dormido nada. Y ella es la culpable. El gusanillo que llevabas hoy por la mañana al despertarte, se lo debes a ella. El gusanillo que te taladraba el estómago este mediodía, cuando la veías sola y pensabas que lo hacía para darte una oportunidad…se lo debes a ella.
En realidad no es nada muy grave. Es, simplemente, la sensación de distancia que te dejan sus actos. Sentir que el único que quiere conservar la amistad eres tú. Una amistad que ves tan profunda. Cualquier excusa es suficiente para lanzarle una mirada asesina. Piensas que así, quizás, se arrepienta. Ella también te conoce. Sabe lo que te pasa. Aun así no actúa. Eso te desespera. Te desespera mucho.
Pasa el tiempo. Día tras día. Pero solo se escucha el silencio. La tensión aumenta. Te preguntas si éste será el fin de vuestra amistad. Pero tú no te humillarás. Orgullo.
Lo conoces. Y conoces su orgullo. Por una tontería puede acabar esta amistad. Pero te gusta que te tomen en cuenta, que piensen en ti, o, simplemente, que te escuchen. Puede ser que seas demasiado exigente, o pidas mucho en una amistad. Por eso te niegas a echarte atrás. Aunque te importe mucho.
De momento sigues esperando sus palabras... Da igual que sean de arrepentimiento, sólo quieres que te hable…Y lo peor de todo es que no sabes si lo volverá a hacer. Si te volverá a dirigir esas palabras que llenaban cada fibra de tu cuerpo de una alegría incomparable…. Pero sin previo aviso, algo te devuelve a la realidad. Una realidad incierta. Traicionera. Recuerdas ese beso cada segundo de vida. Recuerdas sus labios, con un sabor dulce, que te incitaban a beber más y más de ellos. Ese momento no se te olvidará nunca. Ni siquiera sabes si se volverá a repetir. Lo que siente por ti. Estáis juntos, pero eso no significa nada. Su corazón es un enigma para ti. Una cárcel de sentimientos que nadie puede franquear. Y por mucho que lo intentas, por más que sufres, ella ni se inmuta. En todas las conversaciones que intentas con afán mantener con ella, siempre eres tú el que pregunta, el que se preocupa. No tiene sentido…Llamas desesperadamente a su corazón, pero no da señales de vida. No sabes si se encontrará en otro chico de tu edad. Entonces ya no podrías hacer nada por cambiar el destino. Lo único que te quedaría sería afrontar el destino. El destino que la una a ella con alguno de tus amigos. Uno que ni siquiera se dará cuenta de lo afortunado que es por compartir tantos momentos con ella. Y escribes esto pensando en ella. Desde tu habitación, evocando su recuerdo hasta que se te satura el cerebro. Es cierto que la distancia os separa. Cada centímetro arde en tu corazón, que añora la proximidad del suyo. Sin embargo, en un puro sentimiento no existe longitud. Y escribes esto precisamente para averiguar lo que siente por ti. Si lo que sintiera fuera real, ahora estaría llorando. Estaría ansiosa de quitarte todas tus dudas. De fundirte en un beso, cargado de ternura, amor y sinceridad. Si no lo sintiera de verdad, esto le daría igual. Lo borraría y pensaría: “Ha estado bien”…Y ahora sólo esperas ver su comportamiento, para confirmar tus temores o para calmar de una vez por todas…
....¿Cuál será su reacción?....
sábado, 27 de marzo de 2010
miércoles, 24 de marzo de 2010
Y lo gracioso es que aún no la conoces. Tantos momentos juntos, tantas risas, tantas alegrías...con la pantalla de un ordenador. Parece increíble. Simplemente no tiene sentido. Eso sí, no piensas abandonarla nunca. Ya no sabes ni porqué. Partir de su lado sería como crearte un vacío que anteriormente no existía, como arrancarte de cuajo un brazo o una pierna. Mentira...eso sería menos doloroso. Ella te importa. Y mucho. ¿Amor, cariño, amistad...? Llámalo como quieras. Ese sentimiento que te produce cuando te saluda con su alegría inocente. El mimso que hormiguea por tu cuerpo, cuando te das cuenta del tiempo que ha transcurrido durante una conversación con ella. Porque siempre está ahí, pase lo que pase. Es el rincón de la pantalla que más te complace contemplar. Su personalidad, unida a su belleza, forma un arma infalible contra las paredes de tu corazón. Te lo reblandece, y no muchas personas lo han conseguido. Doble mérito por su parte, ya que ella nunca ha escapado de su ventana del Messenger. Y es que con ella, es posible soñar sin dormir. Por eso, sabes es que el lazo que te une a ella, de unos 300 km de longitud, no se romperá con facilidad.
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