lunes, 11 de octubre de 2010

No hay droga igual a un sentimiento permanente. Lo llevas en la sangre, fluye por tus venas y, lo peor, no te puedes deshacer de él. Todos lo tenemos en nuestro interior. Y a todas horas. Pero cuando estás delante de determinadas personas se revoluciona. Se te inyecta en el cerebro, modificando cada uno de tus pensamientos, movimientos, acciones...Y no puedes hacer nada por evitarlo. Es más...te gusta. Esa sensación de llevar toda una manada de rinocerontes en las tripas. De mirarla...y de evitar el impulso de abrazarla, de rodearla con tus brazos y no dejarla escapar nunca...Ya notas que no puedes vivir sin pensar en esos momentos. Algunos llaman a eso adicción. Y cada día que pasa más fuerte. Lo quieres, lo necesitas...Sentirte de la misma forma que cuando tienes su presencia a tu lado. Ya no tienes claro ni cómo llamarle a ese escalofrío. ¿Amor, amistad, cariño...? Por ahora te resignas, y sólo quieres que pase el tiempo...para ver qué te tiene preparado el destino.

No hay comentarios:

Publicar un comentario